Reflexiones || I like stories

15:08

El otro día, Nuny escribió una entrada en su blog sobre Los Hombres de Paco y cómo de importante había sido para ella en su día y como lo sigue siendo hoy en día. A pesar de los años que habían pasado. Una frase de su texto me llamó la atención por encima de las demás. Decía que esta mítica serie española había sido la responsable de su amor por las series. Y eso me hizo preguntarme: ¿cuál fue la mía? ¿Cuál fue ese punto de partida, ese punto de inflexión que provocó mi propio amor por este formato? 

Soy un poco mayor que Nuny y Los Hombres de Paco me pillaron con unos años más que a ella así que a mi cabeza vinieron otras dos series españolas míticas: Compañeros y 7 vidas. Pero, pensándolo bien, me di cuenta que ninguna de las dos había provocado en mí un descubrimiento de las delicias de viciarse a series de televisión. Y entonces es cuando me di cuenta: lo que a mi realmente me engancha son las historias. Independientemente de su forma, lo que realmente me gusta es que me cuenten cuentos. 

Desde bien pequeñita, cuando mis padres me contaban cuentos infantiles —especial mención a El Morronguito because <3—, pasando por los Wallys que podía pasar horas mirando, las aventuras de Babar el Elefante o las de Astérix y Obélix, siempre me ha gustado sumergirme en mundos diferentes y conocer personajes distintos. 

Recuerdo que mi profesora de 3o de primaria, la senyoreta Julia, me llamaba "devoradora de libros" y tenía razón, la mujer. Pero se quedaba corta. También me gustaba ver los dibujos animados de El Club Super 3 —Bola de Drac (Dragon Ball), el Dr Slump o Sakura la Caçadora de Cartes (Cardcaptor Sakura) por poner algunos ejemplos— y creo que la razón por la cual no me perdía ni un episodio era la misma por la cual llegó un momento en el que había leído toda la sección infantil de la biblioteca que dirige mi padre. 

Soy adicta a las historias. Y lo digo bien alto y bien claro. Me gustan, me encantan, me chiflan. Por eso me gustan también las películas, por eso siempre me gusta escuchar cuando mi padre explica algún hecho histórico (es licenciado en Historia además de bibliotecario) o cuando mi abuela nos contaba cuentos o nos leía pasajes de la Biblia a pesar de que nunca he sido creyente. Para mí cerebro, todo esto entra dentro del mismo saco. Cual esponja, quiere absorberlo y disfruta escuchándolo o viéndolo o ambas cosas a un tiempo. 

En definitiva, si quieres hacerme feliz, cuéntame un cuento.

¿Y a ti, qué te hace feliz?

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